BY JOSÉ ANTONIO RODRÍGUEZ
CURATED BY CECILIA LLOMPART
Liebre en el ejido
Por fin sale de su pozo
y su cuerpo acurrucado
se tisna con el humo desganado
de la basura que mis padres queman
por la húmeda tarde,
ante la vista de los vecinos.
Olfatea el plástico de la botella
que se retuerse entre las llamas
como chicharrones de cerdo
y cierra los ojos. Empieza
a caminar como una anciana.
No sé de sus años en el pozo.
Las parcelas se achican
ante las anchas carreteras.
La acequia se hace chorro
y el panteón se cree rey
con tantas coronas.
Ni siquiera voltea a ver
los trosos de papa
que tengo en mi mano.
Se va porque no quiere probar
las escarchas rosadas de mi casa.
¿Debo también celebrar su partida?
Aquí no se celebran los cumpleaños
porque llaman al recuerdo del nacimiento
que es la prueba de la concepción
que jamás se piensa —
como el sabor del terrón desmoronado
entre los dientes. Las velas se encienden
sólo para la iglesia.
La liebre se va
y el panteón se burla de mí.